jueves, 1 de marzo de 2018

Detectan un agujero negro ‘invisible’ a 16.000 años luz de la Tierra

  • El cúmulo de estrellas NGC 3201 esconde un agujero negro invisible.
  • Es el primer objeto exótico de un cúmulo globular que se estudia a partir de su fuerza gravitacional.
Detectan un agujero negro ‘invisible’ a 16.000 años luz de la Tierra
Crédito: ESO/L. Calçada.
Un equipo de astrónomos ha descubierto una estrella, situada en el cúmulo NGC 3201 en la constelación de Vela, que aparentemente se comporta de un modo muy extraño. Según sus observaciones, se mueve hacia atrás y hacia adelante a una velocidad de varios cientos de miles de kilómetros por hora, con un patrón que se repite periódicamente cada 167 días.
La estrella parece girar alrededor de un agujero negro invisible que tendría cuatro veces la masa del Sol. De confirmarse el hallazgo, se trataría del primer agujero negro en el seno de un cúmulo globular estudiado directamente mediante su fuerza gravitacional. El descubrimiento, publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, ha sido posible gracias al instrumento MUSE, instalado en el Very Large Telescope (VLT) de Chile.

El extraño comportamiento de la estrella

Según explica Benjamin Giesers, primer autor del estudio, la estrella orbitaba alrededor "de algo totalmente invisible que tenía una masa de más de cuatro veces la del Sol". Los científicos sospecharon desde el principio de la presencia de un agujero negro en NGC 3201, una agrupación de estrellas localizada a 16.000 años luz de la Tierra. "Este descubrimiento nos ayuda a comprender la formación de cúmulos globulares y la evolución de los agujeros negros", destaca el científico del Instituto de Astrofísica de Gotinga (Alemania).
Los agujeros negros son conocidos por presentar una enorme atracción gravitatoria que ni la luz puede escapar de su superficie. Generalmente el principal método para observar un objeto tan exótico suele ser la detección de las ondas de radio o de rayos X que proceden del material que rodea al agujero negro. Sin embargo, si este no interactúa con la materia caliente de su alrededor y, por ello, no acumula masa ni emite radiación, los científicos hablan de agujeros negros inactivos, que resultan invisibles y que requieren de técnicas más sofisticadas para su determinación.
Esto es precisamente lo que ocurría en el cúmulo globular NGC 3201, donde el agujero negro solo ha podido ser localizado después de observar el extraño comportamiento de la estrella que orbitaba a su alrededor. Las estimaciones realizadas por los investigadores también apuntan que la estrella que se movía hacia adelante y hacia atrás tiene 0,8 veces la masa del Sol, mientras que el agujero negro presentaría 4,36 veces la masa solar, determinada por primera vez a partir de su fuerza gravitacional.
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Crédito: ESO.
Los cúmulos globulares como NGC 3201 son agrupaciones de entre cien mil y un millón de viejas estrellas, con una distribución esférica, que giran alrededor de una galaxia como si de un satélite se tratara. Los sistemas estelares están entre los enjambres de estrellas más antiguos que conocemos, lo que nos permite comprender mejor la historia acerca de la formación y la evolución de las galaxias. En la Vía Láctea, por ejemplo, hay más de 150 cúmulos globulares.
La relación entre los agujeros negros y los cúmulos globulares continúa siendo un misterio. Dado que en su seno no se forman nuevas estrellas, estos exóticos objetos se convierten en los más masivos presentes dentro de los cúmulos globulares. Hasta la fecha se cree que estas agrupaciones estelares han producido un gran número de agujeros negros de masa estelar, que se habrían originado a lo largo del tiempo a medida que las estrellas explotaban y colapsaban. El descubrimiento de esta región invisible, que se encuentra inactiva al no estar tragando materia ni estar rodeada por un disco de gas, sugiere que existen muchos más agujeros negros escondidos, aunque no puedan ser detectadas por los métodos tradicionales.

Un agujero negro supermasivo nos permite saber cómo era el universo en su infancia

  • Científicos descubren el cuásar más lejano observado hasta la fecha.
  • Según publican en Nature, el objeto alberga un agujero negro que nos permite conocer cómo era el universo temprano.
Un agujero negro supermasivo nos permite saber cómo era el universo en su infancia
Crédito: Robin Dienel (Carnegie Institution for Science).
Un equipo de científicos de la Institución Carnegie ha descubierto el cuásar más lejano detectado hasta la fecha. Los resultados, publicados en la revista Nature, nos permiten comprender cómo era el universo en su 'infancia'. La razón es que el cuásar se originó cuando el cosmos presentaba una antigüedad de tan solo 690 millones de años. “Nos ofrece una fotografía de cómo era el universo cuando este tenía solo 5% de su edad actual”, explica a Hipertextual Eduardo Bañados, primer autor del trabajo e investigador en el observatorio de la Institución Carnegie.
"Los cuásares son objetos muy poco comunes en el universo primitivo. Se estima que debe haber entre 20 a 100 cuásares tan luminosos y distantes como el descubierto por nuestro grupo", prosigue Bañados. Su equipo ha logrado detectar el cuásar más alejado encontrado nunca, al que han bautizado técnicamente como ULAS J1342+0928, y que presenta un corrimiento al rojo (redshift, en inglés) de 7,54, una medida que nos indica que está muy, muy lejos. "Hemos roto otra barrera de distancia al encontrar un objeto aún más lejano que el que ya conocíamos", explica a Hipertextual Ángel López-Sánchez, del Observatorio Astronómico Australiano y la Universidad de Macquarie, que no ha participado en el estudio publicado hoy en Nature.

¿Qué es un cuásar y cómo se mide su lejanía?

Aunque parezcan sinónimos, cuásar y agujero negro no son exactamente lo mismo. Según Bañados, podríamos definir cuásar como un agujero negro supermasivo activo en el centro de una galaxia muy masiva. Tal y como explica López-Sánchez a Hipertextual, los investigadores hablan de agujeros negros supermasivos para referirse a agujeros negros con más de un millón de veces la masa del Sol. Por ejemplo, en el caso del agujero negro del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, hablamos de un agujero negro supermasivo que cuenta con 4,5 millones de masas solares, pero no es un cuásar. “Todas las galaxias poseen agujeros negros supermasivos. La cosa es saber si el agujero está activo o no”, comenta el investigador del Observatorio Astronómico Australiano.
“A mí me gusta pensar esto como una analogía con los volcanes. Sabemos que existen volcanes activos e inactivos. Lo mismo ocurre con los agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias. Los que están activos, es decir, creciendo tragando materia, se llaman núcleos activos de galaxias (AGN, en inglés)”, sostiene Bañados. Los cuásares representan de hecho el caso extremo de los AGN: “la emisión de radiación del agujero negro es tan brutal que ‘enmascara’ a la galaxia entera”, apunta López-Sánchez. Estos objetos, recuerda Bañados, “generalmente viven en algunas de las galaxias más masivas que se conocen”. En definitiva, un cuásar sí es un agujero negro, pero no todos los agujeros negros son cuásares. Hasta la fecha solo ha sido posible detectar cuásares en el universo distante, no en el local; por otro lado, sabemos que estos objetos están en galaxias, una confirmación que llegó de la mano del telescopio Hubble.
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Ilustración sobre el hallazgo del cuásar más lejano encontrado hasta ahora. Crédito: Robin Dienel (Carnegie Institution for Science).
Antes de la publicación de este trabajo, la comunidad científica había logrado detectar un único cuásar, denominado ULAS J1120+0641, con un desplazamiento al rojo (redshift) superior a 7. La investigación liderada por la Institución Carnegie va un paso más allá, al haber encontrado un objeto que presenta un corrimiento al rojo de 7,54. “Para medir distancias cosmológicas los astrónomos utilizan una relación entre distancia y corrimiento al rojo. El desplazamiento al rojo es una medida de cómo la luz de un objeto se ‘estira’ al alejarse de nosotros debido a la expansión del universo”, explica Bañados. Este efecto es el mismo que ocurre cuando oímos la sirena de una ambulancia: a medida que el vehículo se aleja, iremos escuchando el sonido cada vez más grave.
“Usando esta medición empírica podemos luego usar nuestro conocimiento de cosmología e interpretar este desplazamiento al rojo [efecto Doppler] como una distancia. La luz que nos llega en estos momentos de este objeto ha estado viajando por más de 13 mil millones de años", asegura Bañados. El hecho de haber encontrado un cuásar con un corrimiento al rojo de 7,54 indica que dicho objeto se aleja de nosotros a 7,54 veces la velocidad de la luz, es decir, a 2,26 millones de kilómetros por seguro, comenta por su parte López-Sánchez. En otras palabras, determinar el desplazamiento al rojo del cuásar ULAS J1342+0928 nos ha permitido confirmar que el objeto está realmente lejos.
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Crédito: Jinyi Yang, Universidad de Arizona; Reidar Hahn, Fermilab; M. Newhouse NOAO/AURA/NSF.

¿Por qué es importante el hallazgo?

López-Sánchez destaca la importancia del descubrimiento por dos motivos. Por un lado, la detección a esa distancia de un agujero negro supermasivo de gran tamaño nos ayuda a entender cómo crecen los agujeros negros; por otro lado, las conclusiones del trabajo en Nature también permiten estudiar las propiedades derivadas del medio en el que se encuentra dicho objeto. Según Bañados, sus resultados “desafían varias de las teorías que existen [acerca del origen de estos objetos], ya que formar un agujero negro de 800 millones de masas solares en menos de 690 millones de años es muy difícil”. En el caso de que estos objetos estuvieran tragando materia a la velocidad más alta posible, llamada tasa de Eddington, “estos agujeros negros tendrían que formarse de ‘semillas’ extremadamente masivas”, sostiene. Los astrofísicos deben explicar ahora cómo es posible que se desarrollen estas masivas semillas o, por el contrario, sugerir una hipótesis diferente para comprender cómo se forman estos ‘monstruos’ en tan poco tiempo.
"Los agujeros negros crecen por fusión de objetos más pequeños, como las galaxias, y la fusión de agujeros negros es una fuente importante de ondas gravitatorias", señala López-Sánchez. El hallazgo presentado en Nature apoya en particular las hipótesis que defienden el rápido crecimiento de los agujeros negros supermasivos, además de ayudarnos a concretar mejor la fecha en la que se empezaron a encender las primeras estrellas en el universo. "Este cuásar está tan lejos que el universo sólo tenía unos 690 millones de años de edad. Los datos observacionales apoyan la hipótesis de que entonces la mayoría del gas difuso estaba ya en estado neutro (y no ionizado)", señala. Para entender cuándo se empezaron a formar las estrellas en el universo, debemos entender en qué momento comenzó la llamada época de la reionización. Durante esta etapa, el hidrógeno difuso y frío se volvió a ‘encender’ por la acción de las estrellas en formación, de ahí que este tipo de trabajos nos enseñen más acerca de la historia del cosmos.
En opinión de Bañados, el cuásar detectado es “un objeto súper interesante”, pero de momento es solamente uno. “Para obtener mediciones más robustas sobre la historia de la época de la reionización del universo, necesitamos encontrar más de estos objetos”, asegura. El primer autor del trabajo destaca que “ahora sabemos que hay un cuásar muy luminoso y evolucionado 690 millones de años después del Big Bang. Es poco probable que este sea el primer cuásar que se haya formado, así que ahora tenemos aún más motivaciones para seguir buscando”. El objeto presenta una luminosidad tan elevada que está siendo analizado en detalle por los telescopios más poderosos del mundo y el espacio, empleando desde rayos X a ondas de radio. Los científicos esperan que el cuásar más distante observado nunca, que nos ayuda a comprender mejor la historia del universo, guarde aún muchas más sorpresas.

La reliquia funeraria de las primeras estrellas del universo

Astrónomos de Estados Unidos y Australia detectan una nube de gas muy antigua y distante, que podría ser una "reliquia funeraria" de las primeras estrellas del universo.
La reliquia funeraria de las primeras estrellas del universo
Simulación que muestra la explosión de las primeras estrellas del universo y la formación de la nube gaseosa enriquecida de elementos pesados. Crédito de la imagen: Britton Smith, John Wise, Brian O’Shea, Michael Norman y Sadegh Khochfar.
Oscuro, silencioso y vacío. Así se mantuvo el universo durante millones de años después de que ocurriera el Big Bang, la gran explosión en la que se originó el cosmos. Según explican desde el Observatorio Europeo Austral (ESO), "las primeras estrellas no aparecieron hasta que el universo tenía quizás 100 millones de años de edad".
Su rastro, sin embargo, sigue siendo una incógnita para la ciencia. Las primeras estrellas del cosmos se extinguieron hace millones de años, por lo que ha sido imposible observarlas directamente. Pero según los cálculos de los astrónomos, estas primeras estrellas deberían haber estado formadas únicamente por hidrógeno, helio y litio, una composición química muy diferente a la que presentan actualmente el Sol y otras estrellas de la galaxia.

No somos más que polvo de estrellas

Investigadores de Estados Unidos y Australia han descubierto una nube gaseosa muy antigua y distante, que podría ser la reliquia funeraria de la muerte de las primeras estrellas del universo. Su trabajo, que será publicado próximamente en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, ha sido presentado en el congreso de la Sociedad Americana de Astronomía.Las primeras estrellas del universo presentaban hidrógeno, helio y algo de litio, una composición química muy diferente a la de las estrellas actuales
Esta nube de gas contiene una pequeña proporción de elementos químicos pesados como carbono, hierro y oxígeno, una fracción menor a la milésima parte del porcentaje observado hoy en el Sol. La nube, localizada a miles de millones de años luz de la Tierra, ha sido observada gracias al Very Large Telescope (VLT) de Chile. "Los elementos pesados no fueron fabricados durante el Big Bang, sino que fueron creados posteriormente por las estrellas", señala el Dr. Neil Crighton. El investigador de la Universidad Swinburne sostiene que "las primeras estrellas se crearon a partir de gas completamente virgen y los astrónomos piensan que estos procesos fueron muy diferentes a los que ocurren hoy en día".
primeras estrellas
Imagen en falso color de Cassiopeia A, un remanente de supernova en la constelación de Cassiopeia. Fuente: NASA/JPL-Caltech (Wikimedia)
Estas primeras estrellas, conocidas técnicamente como estrellas de población III, no contenían trazas de metales, sino que solo presentaban hidrógeno, helio y una pequeña parte de litio. A día de hoy se piensa que estas primeras estrellas eran enormes, con un tamaño cientos o miles de veces mayor que el del Sol. Al ser tan masivas su vida también habría sido muy corta, de forma que su muerte vino de la mano de una explosión de supernovas, capaz de producir elementos químicos más pesados que los que había en la estrella originalmente."Es la primera nube que muestra la pequeña fracción de elementos químicos pesados esperada para una nube gaseosa enriquecida solo por las primeras estrellas"
Dichos elementos químicos se acumularon en nubes gaseosas como la descubierta ahora, por lo que su existencia sirve como "reliquia funeraria"que nos habla de la existencia, la vida y la muerte de las primeras estrellas del universo. "Las nubes de gas encontradas anteriormente mostraban un nivel de enriquecimiento mayor de elementos químicos pesados, por lo que probablemente se contaminaron por generaciones más recientes de estrellas", asegura el Dr. Neil Crighton.
"Esta es la primera nube que muestra la pequeña fracción de elementos químicos pesados esperada para una nube gaseosa enriquecida solo por las primeras estrellas", señala también el Dr. Michael Murphy. Los astrónomos son capaces de detectar ahora solo la ratio entre los elementos de carbono y silicio, por lo que esperan descubrir más nubes gaseosas o "reliquias funerarias" de las primeras estrellas en el futuro. Así podrán determinar más elementos químicos y confirmar el patrón de abundancia de estos elementos esperado en los primeros sistemas estelares. Su muerte violenta y explosiva condujo a la riqueza química hoy observada en el universo, que posibilita la existencia de vida en la Tierra. Como dijera Carl Sagan, "no somos más que polvo de estrellas".

Descubren cuándo aparecieron las primeras estrellas de la historia del universo

  • Una señal ancestral muestra que el universo temprano estaba más frío de lo esperado.
  • Según algunos científicos, la interacción entre la materia oscura y la materia normal podría explicar esta observación.
Descubren cuándo aparecieron las primeras estrellas de la historia del universo
Crédito: N.R.Fuller, National Science Foundation.
Oscuro y mucho más frío de lo que se pensaba. Así era el universo en su más tierna infancia, solo 180 millones de años después de la gran explosión, el Big Bang, con la que comenzó todo. Esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo internacional de astrónomos que ha captado una señal procedente del cosmos primigenio, según publican hoy en la revista Nature. Sus resultados muestran cuándo podrían haberse encendido las primeras estrellas.
"La señal coincide en muchos aspectos con las predicciones teóricas sobre las primeras estrellas y galaxias en el universo temprano. Nuestra medición indica que estas primeras estrellas y galaxias se estaban formando alrededor de 180 millones de años después del Big Bang", explica a Hipertextual Raúl Monsalve, investigador del Centro de Astrofísica de la Universidad de Colorado Boulder y uno de los autores del trabajo publicado en Nature. "Encontrar esta minúscula señal ha abierto una nueva ventana al universo temprano", destaca el astrónomo Judd Bowman, líder de la investigación. "Los telescopios no pueden obtener directamente la imagen de estas estrellas ancestrales, pero lo que capta se transforma en señales de radio que llegan del espacio", añade el profesor de la Universidad de Arizona.
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Crédito: CSIRO Australia

Cómo han captado la señal del universo temprano

Según aclara Monsalve a Hipertextual, el instrumento EDGES "no mide directamente las primeras estrellas, sino la radiación emitida por el gas de hidrógeno, del cual se forman estas estrellas". En particular, como los telescopios convencionales no pueden detectar el hidrógeno neutro y frío de las primeras etapas de la historia del cosmos, los científicos se centran en estudiar la emisión a 21 cm. Como explican desde la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, el hidrógeno neutro sí puede emitir cierto tipo de "luz" que los radiotelescopios pueden captar.
Una vez que las estrellas se encendieron por primera vez en el universo primigenio y su luz ultravioleta penetró el gas de hidrógeno primordial, consiguieron alterar su estado de excitación. Esa transición es precisamente lo que se denomina emisión a 21 cm; un cambio que provocaría que el hidrógeno absorbiera fotones del fondo de microondas dejando una huella que se puede detectar en la actualidad en el rango de las radiofrecuencias por debajo de los 200 MHz. El trabajo publicado en Nature muestra que la señal detectada es más grande de lo que las teorías predecían hasta ahora. El resultado podría explicarse, de acuerdo con una de las hipótesis, pensando en el que el gas de hidrógeno "haya estado más frío que lo esperado en ese período".
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Crédito: N.R.Fuller, National Science Foundation.

El inesperado papel de la materia oscura

"Si el gas de hidrógeno estaba más frío que lo esperado, hay que analizar cómo pudo pasar. Una alternativa es que la materia oscura haya interactuado con el gas en formas que hasta ahora no se habían considerado", comenta a Hipertextual Raúl Monsalve. Esa es precisamente la idea que defiende un segundo trabajo publicado en Nature, que apunta a la posible interacción entre la materia normal y la materia oscura, una misteriosa forma llamada así porque no emite radiación y que constituye el 26% del universo.
En el caso de que la hipótesis de este segundo estudio sea correcta, la medición realizada con el instrumento EDGES, "de forma inesperada", según Monsalve, "puede entregar información única acerca de este tipo de materia". Específicamente puede ofrecer datos más precisos "sobre la masa y la velocidad de las partículas de la materia oscura, así como la posibilidad de que dichas partículas posean una pequeña carga eléctrica", cuenta el investigador consultado por Hipertextual.
Las investigaciones publicadas hoy, no obstante, son solo el principio. "Nos queda mucho por saber del universo temprano. Por ejemplo, características específicas de las primeras estrellas y galaxias, como su masa y tiempo de vida", asegura Raúl Monsalve. Aunque probablemente nunca veremos estas estrellas ancestrales, sino que podremos estudiarlas y caracterizarlas gracias a las mediciones sobre este hidrógeno primordial. "Con EDGES estamos tratando de lograr mediciones aún mas precisas para caracterizar esta época en detalle", concluye el científico de la Universidad de Colorado Boulder.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Explosiones de agujeros negros convierten 'Mini-Neptunos' en Rocosas 'Súper Tierras

La radiación de un estallido en el centro de la Vía Láctea arrastra hacia atrás una atmósfera planetaria similar a Neptuno (primer plano) (derecha).
Crédito: M. Weiss / CfA
Los monstruos agujeros negros cerca del centro de nuestra galaxia Vía Láctea pueden haber transformado exoplanetas "mini-Neptuno" en súper Tierras rocosas, muestra una investigación reciente.
Se piensa que los agujeros negros supermasivos residen en los centros de la mayoría de las galaxias grandes, si no de todas. Se tragan la materia circundante y, a su vez, generan llamaradas brillantes de rayos X y radiación ultravioleta. 
Los nuevos hallazgos sugieren que estas poderosas explosiones podrían despojar a los exoplanetas cercanos de su atmósfera gaseosa y espesa, dejando atrás un núcleo rocoso y desnudo. Es probable que estos cuerpos rocosos sean más pesados ​​que la Tierra, lo que los convierte en las llamadas súper-Tierras , según un comunicado del Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica (CfA).
Es bastante descabellado pensar que los agujeros negros configuran el destino evolutivo de un planeta, pero ese puede ser el caso en el centro de nuestra galaxia", dijo el autor principal del estudio Howard Chen, candidato postdoctoral en el Departamento de Tierra de la Universidad Northwestern. Ciencias Planetarias, dijo en la declaración . 
En el estudio, los investigadores examinaron el entorno que rodea a Sagittarius A * , el agujero negro supermasivo de 4 millones de masas solares que acecha en el centro de nuestra galaxia, a unos 25.000 años luz de la Tierra.
"Nos preguntamos qué harían estos arrebatos de Sagitario A * a los planetas cercanos", dijo en el comunicado el coautor del estudio, John Forbes, de la CfA. "Nuestro trabajo muestra que el agujero negro podría cambiar drásticamente la vida de un planeta".
Específicamente, los investigadores estudiaron el efecto que la radiación de alta energía de Sagittarius A * tiene en exoplanetas que se encuentran a menos de 70 años luz del agujero negro y tienen masas en algún lugar entre las de la Tierra y las de Neptuno. Estos exoplanetas se pueden conocer como "súper-Tierras" porque son más grandes que nuestra Tierra rocosa y oceánica, o "mini-Neptunes" porque son más pequeños que el Neptuno frío y envuelto en gas. 
El nuevo estudio muestra que la radiación de alta energía de Sagittarius A * podría volar una gran cantidad de la espesa atmósfera gaseosa de los planetas similares a Neptuno cerca del agujero negro y dejar atrás súper Tierras rocosas, según el comunicado.
"Estas súper-Tierras son uno de los tipos de planeta más comunes que los astrónomos han descubierto fuera de nuestro sistema solar", dijo en el comunicado el coautor del estudio, Avi Loeb, de la CfA. "Nuestro trabajo muestra que en el entorno adecuado podrían formarse de formas exóticas".
De hecho, los hallazgos recientes sugieren que este proceso puede ser la forma más común en que las súper Tierras rocosas se forman cerca del centro de la Vía Láctea, dijeron los investigadores. 
Es posible que algunos de estos planetas se encuentren en la zona habitable de una estrella, donde las temperaturas son las adecuadas para que exista agua líquida y quizás vida. Sin embargo, sería difícil para cualquier vida surgir en el entorno desafiante del centro galáctico, debido a las dañinas explosiones de supernovas, rayos gamma de alta energía y explosiones adicionales de agujeros negros, que podrían erosionar completamente la atmósfera de un planeta, de acuerdo con el estudiar.
Además, una estrella que pasa podría causar interrupciones gravitacionales que desgarrarían al planeta de su estrella anfitriona que sostiene la vida. Dichas interrupciones pueden ser más comunes en áreas repletas de estrellas, como Sagittarius A *, dijeron los investigadores.
"En general, se acepta que la región más interna de la Vía Láctea no es favorable para la vida", dijo Loeb. Pero "a pesar de que la baraja parece apilarse contra la vida en esta región, la probabilidad de panspermia, donde la vida se transmite por contacto interplanetario o interestelar, sería mucho más común en un entorno tan denso. Este proceso podría dar la posibilidad de que la vida surja. y sobrevivir ".
La detección de exoplanetas cerca del núcleo de la Vía Láctea es un desafío debido a su distancia de la Tierra, la abundancia de estrellas y nubes gruesas de polvo y gas que bloquean la luz. Sin embargo, los telescopios terrestres más grandes y de próxima generación, como el Telescopio Extremadamente Grande Europeo , podrían ayudar a superar estos desafíos buscando "tránsitos" en los que un exoplaneta orbita delante de su estrella.
Otro método que podría ser útil para detectar estos evasivos exoplanetas consiste en buscar estrellas con rastros de elementos inusuales en sus atmósferas que indiquen que la estrella ha migrado lejos del centro de la galaxia, dijeron los investigadores en el comunicado.
El nuevo trabajo fue detallado el 22 de febrero en The Astrophysical Journal Letters. El texto completo del artículo está disponible en arXiv.org .

Diversidad Galáctica

NGC 3175 se encuentra a unos 50 millones de años luz de distancia en la constelación de  Antlia (The Air Pump)  .  La galaxia se puede v...